De Sylvia Plath

Refleja la experiencia personal de la escritora sobre el embarazo, el miedo a él y el aborto, y en cada una de las Voces se reconoce fácilmente a Sylvia Plath. La Primera Voz representa la de una madre que se siente realizada al dar a luz al bebé que desea tener, confirmando así su misión creativa. La Segunda Voz representa la presencia de la muerte, el aborto, el sentimiento de culpa, un terrible fracaso. Esta Voz habla de la sensación de pérdida, de la sangre, de lo terrible que resulta la imposibilidad de fecundar.

Recela de las ideas -masculinas- y de las ideologías políticas empañadas por la guerra y la destrucción, convirtiéndose en el heraldo de la muerte, una voz de la que Sylvia Plath nunca logró evadirse. La Tercera Voz es la que puede ser identificada con la personalidad neurótica de la época de estudiante de Sylvia Plath, horrorizada al ver su imagen en el agua o los espejos. Es la joven que da a luz en el hospital a un bebé, algo para lo que no está preparada, dejándolo allí para adopción tras una terrible experiencia personal.